Discurso en la transición española sobre la «Ley para la reforma política» de Adolfo Suárez en 1976. Examen modelo EVAU de «Historia de España» para 2º de bachiller.
El siguiente
texto para comentar trata de un discurso de carácter político, pronunciado por
el presidente Adolfo Suárez en RTVE el día 10 de septiembre de 1976. Este discurso
(es anterior a la aprobación de dicha ley presentada por este presidente en el consejo
de ministros) tuvo una gran repercusión nacional e internacional. Tras la
muerte del general Franco en el año anterior, comenzaba la transición una nueva
etapa que el pueblo español llevaba un tiempo demandando, siendo nombrado rey
de España Juan Carlos I tal como había establecido Franco años atrás. En este
punto estaba la figura de Arias Navarro, que representaba el inmovilismo del
régimen anterior en contraste con la nueva visión de apertura y reformista de
Juan Carlos I. Ante esta diferencia, el rey nombra presidente de las Cortes a
Fernández Miranda que, tras una serie de actuaciones, provoca la dimisión de
Arias Navarro y su sustitución por Suárez. Incluso, dentro del franquismo,
existían dos corrientes diferentes: la continuista y la reformista. Para reformar
el país, era necesario romper con la base jurídica del régimen anterior. Este
proceso fue bastante complejo y necesitó de la colaboración de todos los
bandos. En estos momentos, fue nombrado Jefe de Estado Juan Carlos I, figura
clave en todo este proceso, nombrando presidente del gobierno a Adolfo Suárez.
Esto se
produjo tras la destitución de Carlos Arias Navarro (nombrado por Franco y que
apuntaló ciertas reformas con aire a continuismo) , y tras la aprobación
en las Cortes Generales de la Ley para la Reforma Política. Esta ley fue
fundamental en el paso a una transición democrática, ya que permitió unas
elecciones libres y una ruptura total con el sistema jurídico anterior, siendo
un harakiri de las Cortes Franquistas. Este discurso está centrado en la
visión de muchas personas que tenían y, que actualmente tienen de España. Menciona
el pluralismo de los pueblos que habitan en la península, recalcando la
necesidad de la unión de estos, sin miramientos de carácter ideológico. De
hecho, Adolfo Suárez es todavía criticado por llegar a legalizar partidos como el
comunista. Esta ley fue idea de Fernández Miranda, que tenía una visión de España
pacífica. Esta ley reforzó la posición del monarca y del gobierno, marcó el
triunfo de las posiciones reformistas y del inmovilismo y marcó el futuro de
España que aún perdura en nuestros días. Gracias a esta Ley los españoles
pudieron votar libremente en las elecciones de 1976 y eligieron a los representantes
que debatieron la carta magna. Este discurso está marcado por un lema del
momento que llegó a ser una canción, «Habla pueblo, habla» y, junto con otros
temas como «Libertad, libertad» del grupo Jarcha fueron emotivos y alegres,
animando al pueblo español a participar de la fiesta de la Democracia. Cuando
Suárez en su discurso habla de elevar a normalidad jurídica lo que es ya normal
en las calles, corresponde con lo que filósofos y políticos denominan opinión
pública. Esta opinión se entiende en la mayoría de los casos como la
voluntad de la mayoría, y eso es lo que pretende reflejar esta ley: la ruptura
con un inmovilismo que no correspondía ni con el contexto internacional, ni con
la visión del turista que llegaba a España, ni con la realidad económica y
social que se estaba vislumbrando. La reforma del sistema jurídico era
necesaria como una herramienta más de modernización del Estado y de la voluntad
popular que exigía una nueva forma de vida y organización política. Esta ley
pretendía elevar a universal el sufragio de cara a unos comicios, con el
máximo posible de libertad política y de asociación. La ley finaliza con un
rango de Ley Fundamental del Estado para su máxime aplicación y defensa.
Dentro de un
momento de pura tensión, tras haber superado un intento de golpe de estado, el
pueblo español era el que tomaba la última palabra, al menos, en su voluntad
popular mayoritaria. No era posible volver atrás porque los españoles no lo
deseaban, a pesar de la oposición de ciertos sectores franquistas. Sin esta ley
y sin el presidente Suárez, nuestro sistema actual no hubieran tenido cabida o
hubieran agonizado. La figura del rey Juan Carlos I fue esencial. Este monarca
aperturista se dio cuenta de la necesidad de la nación, y la interpuso a sus
intereses personales, y así lo demostró con el nombramiento de personas claves
para realizar todo este proceso de apertura democrática.
Esta ley
finaliza con varias disposiciones que permitieron la legalización de partidos
que estaban en una actividad clandestina o con sus dirigentes en el exilio.
Junto con este discurso de Suárez, hay otra escena muy impactante: la llegada
de Claudio Sánchez Albornoz a España tras un largo tiempo de exilio. Apelaba a
la paz, a la unión, al abandono de las posiciones más radicales en pro de un paz
y diálogo social entre los españoles que tanto han luchado entre ellos, y con
el interés profundo de un largo período de paz, necesario para acabar con
tantos siglos de disputas y guerras civiles. Este discurso refleja que el nuevo
presidente podía encarnar las emociones y alegría que proporcionaba en el
pueblo español un sistema democrático y aperturista. De igual modo, Suárez mantuvo
conversaciones con la Platajunta (movimientos comunistas y socialistas)
e incluso, Felipe González en un congreso del PSOE, promulgó que este partido
abandonaba el ideario marxista para abrazar la socialdemocracia al estilo de Suecia
(O. Palme) o de Alemania. Este discurso fue un ánimo e impulso para una nueva
sociedad que dejaba atrás las rencillas de un pasado oscuro. Finalmente, esta
ley fue aprobada tras un referéndum en diciembre de 1976 con un 76 % a favor.
Esta victoria es triunfo de personas como Suárez que no cesaron en el intento
de dar voz a la voluntad popular que tan callada había permanecido.

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