Discurso en la transición española sobre la «Ley para la reforma política» de Adolfo Suárez en 1976. Examen modelo EVAU de «Historia de España» para 2º de bachiller.

Discurso de promoción de la Ley para la Reforma Política, Adolfo Suárez (RTVE 10 septiembre 1976)

“Buenas noches. Me presento a todos ustedes para darles cuenta del Proyecto de Ley para la Reforma Política. Para decirles, sencillamente, cómo propone el Gobierno que sea nuestro futuro y para convocar a todo el pueblo español a una tarea de protagonismo y solidaridad. Hablar de política para un presidente del Gobierno quiere decir intentar despejar incógnitas y clarificar los objetivos que perseguimos. A partir de hoy mismo, fecha en que el Consejo de Ministros ha acordado remitir al Consejo Nacional y, en su momento, a las Cortes el Proyecto de Ley para la Reforma Política, creemos haber llegado a la recta final de este proceso iniciado hace tiempo, del modo más racional y congruente con la sinceridad democrática: dar la palabra al pueblo español. Pienso que la democracia debe ser obra de todos los ciudadanos y nunca obsequio, concesión o imposición, cualquiera que sea el origen de ésta. Por eso, estamos convencidos que para su logro es preciso el concurso de cuantas fuerzas articulen el cuerpo nacional. Se trata de acomodar nuestros esquemas legales a la realidad del país. En consecuencia; hemos procurado examinar con toda objetividad las demandas políticas que se producen desde la ciudadanía, y para ello hemos conectado con muchos de los grupos políticos más significativos que existen en España y que ofrecen alternativas estimables, sean de derecha, de centro o de izquierda, para escuchar con respeto sus puntos de vista. Pero la opinión pide hechos, y con ellos queremos responder. Ha llegado el momento de clarificar la situación política, y el pueblo español debe legitimar con su voto a quienes, en virtud del nuevo pluralismo surgido en España, aspiran a ser sus intérpretes y representantes. Reconocido en la declaración programática del Gobierno el principio de que la soberanía nacional reside en el pueblo, hay que conseguir que el pueblo hable cuanto antes. Con ello hacemos realidad el deseo expresado por Su Majestad el Rey ante el nuevo Gobierno de “pulsar y conocer en profundidad las aspiraciones del pueblo español y acertar a canalizarlas por cauces de autenticidad y normalidad”. Y esto es lo que el Consejo de Ministros acaba de aprobar: el Proyecto de Ley para la Reforma Política. Es un proyecto sencillo y realista que trata de servir de cauce formal para que el pueblo pueda desempeñar el protagonismo que le corresponde. Trata de allanar los caminos para que sea posible, con el máximo consenso, acomodar la legalidad a las realidades nacionales. Evidentemente, podíamos sentir la tentación de redactar una Constitución completa y definitiva reguladora de todos los aspectos de la vida política. Hemos preferido, sin embargo, dar paso a la legitimidad real de los grupos y partidos por medio del voto. Con ello comenzamos a convertir en realidad lo que ya dije en otra ocasión: elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal; quitarle dramatismo y ficción a la política por medio de unas elecciones. He dicho la palabra «elecciones» y, efectivamente, ésta es la clave del proyecto. Las modificaciones constitucionales que contiene permitirán que las Cortes -compuestas por Congreso y Senado- sean elegidas por sufragio universal, directo y secreto, lo antes posible y, en todo caso, antes de junio de 1977. De esta forma, el pueblo participa en la construcción de su propio futuro, puesto que se manifiesta, elige a sus representantes y son éstos los que toman decisiones sobre las cuestiones que afectan a la comunidad nacional. El proyecto consta de cinco artículos, tres disposiciones transitorias y una final que le confiere rango de Ley Fundamental. Atribuye la iniciativa de cualquier revisión constitucional al Gobierno y al Congreso de Diputados y establece el procedimiento para su aplicación…"


Respuesta y comentario de texto:

El siguiente texto para comentar trata de un discurso de carácter político, pronunciado por el presidente Adolfo Suárez en RTVE el día 10 de septiembre de 1976. Este discurso (es anterior a la aprobación de dicha ley presentada por este presidente en el consejo de ministros) tuvo una gran repercusión nacional e internacional. Tras la muerte del general Franco en el año anterior, comenzaba la transición una nueva etapa que el pueblo español llevaba un tiempo demandando, siendo nombrado rey de España Juan Carlos I tal como había establecido Franco años atrás. En este punto estaba la figura de Arias Navarro, que representaba el inmovilismo del régimen anterior en contraste con la nueva visión de apertura y reformista de Juan Carlos I. Ante esta diferencia, el rey nombra presidente de las Cortes a Fernández Miranda que, tras una serie de actuaciones, provoca la dimisión de Arias Navarro y su sustitución por Suárez. Incluso, dentro del franquismo, existían dos corrientes diferentes: la continuista y la reformista. Para reformar el país, era necesario romper con la base jurídica del régimen anterior. Este proceso fue bastante complejo y necesitó de la colaboración de todos los bandos. En estos momentos, fue nombrado Jefe de Estado Juan Carlos I, figura clave en todo este proceso, nombrando presidente del gobierno a Adolfo Suárez.

Esto se produjo tras la destitución de Carlos Arias Navarro (nombrado por Franco y que apuntaló ciertas reformas con aire a continuismo) , y tras la aprobación en las Cortes Generales de la Ley para la Reforma Política. Esta ley fue fundamental en el paso a una transición democrática, ya que permitió unas elecciones libres y una ruptura total con el sistema jurídico anterior, siendo un harakiri de las Cortes Franquistas. Este discurso está centrado en la visión de muchas personas que tenían y, que actualmente tienen de España. Menciona el pluralismo de los pueblos que habitan en la península, recalcando la necesidad de la unión de estos, sin miramientos de carácter ideológico. De hecho, Adolfo Suárez es todavía criticado por llegar a legalizar partidos como el comunista. Esta ley fue idea de Fernández Miranda, que tenía una visión de España pacífica. Esta ley reforzó la posición del monarca y del gobierno, marcó el triunfo de las posiciones reformistas y del inmovilismo y marcó el futuro de España que aún perdura en nuestros días. Gracias a esta Ley los españoles pudieron votar libremente en las elecciones de 1976 y eligieron a los representantes que debatieron la carta magna. Este discurso está marcado por un lema del momento que llegó a ser una canción, «Habla pueblo, habla» y, junto con otros temas como «Libertad, libertad» del grupo Jarcha fueron emotivos y alegres, animando al pueblo español a participar de la fiesta de la Democracia. Cuando Suárez en su discurso habla de elevar a normalidad jurídica lo que es ya normal en las calles, corresponde con lo que filósofos y políticos denominan opinión pública. Esta opinión se entiende en la mayoría de los casos como la voluntad de la mayoría, y eso es lo que pretende reflejar esta ley: la ruptura con un inmovilismo que no correspondía ni con el contexto internacional, ni con la visión del turista que llegaba a España, ni con la realidad económica y social que se estaba vislumbrando. La reforma del sistema jurídico era necesaria como una herramienta más de modernización del Estado y de la voluntad popular que exigía una nueva forma de vida y organización política. Esta ley pretendía elevar a universal el sufragio de cara a unos comicios, con el máximo posible de libertad política y de asociación. La ley finaliza con un rango de Ley Fundamental del Estado para su máxime aplicación y defensa.

Dentro de un momento de pura tensión, tras haber superado un intento de golpe de estado, el pueblo español era el que tomaba la última palabra, al menos, en su voluntad popular mayoritaria. No era posible volver atrás porque los españoles no lo deseaban, a pesar de la oposición de ciertos sectores franquistas. Sin esta ley y sin el presidente Suárez, nuestro sistema actual no hubieran tenido cabida o hubieran agonizado. La figura del rey Juan Carlos I fue esencial. Este monarca aperturista se dio cuenta de la necesidad de la nación, y la interpuso a sus intereses personales, y así lo demostró con el nombramiento de personas claves para realizar todo este proceso de apertura democrática.

Esta ley finaliza con varias disposiciones que permitieron la legalización de partidos que estaban en una actividad clandestina o con sus dirigentes en el exilio. Junto con este discurso de Suárez, hay otra escena muy impactante: la llegada de Claudio Sánchez Albornoz a España tras un largo tiempo de exilio. Apelaba a la paz, a la unión, al abandono de las posiciones más radicales en pro de un paz y diálogo social entre los españoles que tanto han luchado entre ellos, y con el interés profundo de un largo período de paz, necesario para acabar con tantos siglos de disputas y guerras civiles. Este discurso refleja que el nuevo presidente podía encarnar las emociones y alegría que proporcionaba en el pueblo español un sistema democrático y aperturista. De igual modo, Suárez mantuvo conversaciones con la Platajunta (movimientos comunistas y socialistas) e incluso, Felipe González en un congreso del PSOE, promulgó que este partido abandonaba el ideario marxista para abrazar la socialdemocracia al estilo de Suecia (O. Palme) o de Alemania. Este discurso fue un ánimo e impulso para una nueva sociedad que dejaba atrás las rencillas de un pasado oscuro. Finalmente, esta ley fue aprobada tras un referéndum en diciembre de 1976 con un 76 % a favor. Esta victoria es triunfo de personas como Suárez que no cesaron en el intento de dar voz a la voluntad popular que tan callada había permanecido.




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