La finalidad de la educación de Jacques Maritain
«Los fines de la educación» de Jacques Maritain
Para Jacques Maritain, la humanidad «la esencia del verdadero hombre» se expresa en la cultura, de tal manera que el hombre no es un animal de naturaleza, sino un animal de cultura. De esta forma viene dada la consideración de la educación como eminente tarea humana, pues puede decirse que la educación es la manera correcta para la humanización del hombre. La humanización es lo que mueve y da sentido a la conducta humana. El principal problema que se nos plantea posee un carácter filosófico. El debate establecido a lo largo de la historia sobre la cuestión «qué es el hombre» engloba un serio problema. La educación tiene el propósito de la formación humana por lo que no debe olvidar, es más, está obligada a responder y buscar respuesta a este gran interrogante filosófico. Dadas las circunstancias y los problemas para dar un definición clara, la tarea principal de la educación será guiar el desarrollo dinámico para poder llegar a ser hombre, es decir, preparar al niño o adolescente para aprender durante toda su vida. En primer término, la educación está dirigida al proceso de formación del hombre para llegar a su plenitud; Maritain continúa exponiendo que la educación está referida al trabajo que los adultos ejercen sobre la juventud; y por último, la educación es la tarea esencial de escuelas y universidades. Es por esto mismo que el hombre no es sólo un animal natural, sino un animal político tal como lo expresa Aristóteles en la Política, El ser humano es un ser social capaz de crear cultura e incapaz de sobrevivir sin la sociedad. Así mismo, Maritain explica cuáles son los errores que se cometen en la educación con el fin de devolver al hombre su capacidad de llegar a ser hombre. Para Maritain la primera finalidad que ha de tener la educación es alcanzar la libertad interior.
El primer error en el que se incurre es el desconocimiento de los fines. La educación es un arte moral, es un impulso dinámico cuyo fin mismo es el arte. Una de las críticas que Maritain lanza sobre la educación contemporánea es que hay una «supremacía de los medios sobre el fin» dado que se han olvidado cuáles son los verdaderos fines de la educación. Insiste, no en que sus métodos sean malos sino en que son tan buenos que a veces olvidan su finalidad. Los métodos pedagógicos necesitan reforzar la sabiduría práctica de los fines que hay que alcanzar.
El segundo error consiste en los planteamientos falsos en torno a la naturaleza de los fines. La finalidad de la educación consiste en un examen autocrítico, propio del carácter de la filosofía: dejarse sorprender por el conocimiento, y tener un espíritu humilde y a la vez insaciable lleno de ansias de conocer. Es entonces cuando nacen las dos visiones que han causado tanta polémica a lo largo de la historia, y que tan necesarias han sido para el ser humano: ciencia y religión. Maritain afirma que la idea científica y religiosa del hombre son las únicas verdaderamente honestas. El famoso Círculo de Viena, compuesto por los mayores representantes de la filosofía de la ciencia, buscó un lenguaje común a todas las ciencias, que la filosofía pudiera explicar abogando por una concepción científica del mundo.
Las principales preguntas de la filosofía trascienden al campo de la ciencia, fenomenalizando la idea de hombre sin referencia al principio de todo. Por otro lado está la concepción religiosa del hombre, puramente ontológica y por lo tanto contraria a la científica. Ambas visiones intentan explicar los mismos conceptos de la realidad pero, tal vez como dijo el cardenal Paul Poupard, «el principal problema entre religión y ciencia son las diferencias epistemológicas existentes en el lenguaje de ambas, que impiden una buena comunicación a pesar de buscar las dos los mismos fines». Maritain defiende la idea cristiana de hombre, pero insiste en que no lo hace por cuestiones sociales sino por propio modo, de propio corazón, no «porque nuestra civilización esté penetrada de esa idea». Dentro del marco de la civilización judeo-greco-cristiana encontramos tres conceptos de hombre: para los griegos el hombre era un animal dotado de razón cuya suprema dignidad se encontraba en la inteligencia; para los judíos el ser humano es un individuo libre que ha de aceptar voluntariamente la ley de Dios; y la visión cristiana del hombre que le asigna una naturaleza pecadora cuya única redención es la llamada a la vida divina en el amor de Dios. El ser humano es algo más que físico, tiene alma, una existencia espiritual propia del conocer y del amar. Aristóteles definió el alma como primer principio de la vida en todo organismo -la visión aristotélica da un paso más con respecto a las teorías de los presocráticos que «veían almas en todas partes», estableciendo las bases del primer motor que mueve pero que no es movido por nada- dotada de un intelectualismo que supera lo material. Para muchos de los antiguos griegos, el alma era la raíz de la personalidad. Cuando decimos que un hombre es una persona tomamos el todo por las partes y cuando decimos que tiene dignidad absoluta es porque está en relación con la totalidad del ser y, por lo tanto, con Dios. Un hombre es persona cuando torna su individualidad dentro de una comunidad. Es por esto mismo por lo que podemos hablar de hombres de las cavernas y no de personas de las cavernas. Maritain expresa que la educación del hombre es un despertar humano de manera parecida a Kant.
El tercer error es el pragmatismo. La aparición del pragmatismo a fines del siglo XIX representa en la epistemología un hito histórico dentro de la crisis del paradigma moderno que arranca Descartes, según el cual el problema del conocimiento descansa en la dualidad sujeto/objeto y en la noción de mente como escenario interno en el que tienen lugar representaciones. El pragmatismo entiende el conocimiento como una función asociada a la acción humana cuyo fin no consiste tanto en representar pasivamente la realidad mediante ideas, sino en organizar e interpretar la experiencia de modo que esa acción pueda progresar. Esta corriente defiende que tanto la bondad como la verdad, han de medirse de acuerdo al éxito que tengan en la práctica y, según Maritain «es desafortunado definir el pensamiento humano como un órgano que responde a los estímulos y situaciones del momento». Sin una verdadera fe en la verdad no podría haber una eficacia humana en sus actos. Maritain define el pragmatismo como visión instrumentalista del conocimiento. El escepticismo, presentismo, cientismo, antiintelectualismo son consecuencias de la dominación pragmática en la educación contemporánea. En contra de esta corriente, uno de las principales objetivos que ha de tener a educación es guiar el desarrollo de la persona humana en la esfera social, educando al niño para ejercer su papel en él.
El cuarto error es el sociologismo. La tarea esencial de la educación no trata acerca de adaptar al futuro ciudadano a la vida social, sino de hacer un hombre de él. Cuando oponemos la educación de la persona a la de la comunidad, Maritain indica que es vano, pues una educación en la sociedad -según puntos anteriormente explicados- implica una educación en la persona, donde en base a la conciencia individual nace la inteligencia cívica y las virtudes sociales. Para poder formar buenos ciudadanos primero hay que formar buenas conciencias, donde el idealismo y la generosidad han de primar ante todo. Creo que esta frase de Maritain tiene un contenido tan esencial que el simple hecho de citarla no necesita posterior explicación: «Desgraciado el adolescente que no conoce los placeres del espíritu y no se exalta con la alegría de conocer y con el gozo de la belleza; que no se exalta por el entusiasmo de las ideas y por la experiencia vivificante de los primeros amores, por las delicias y exaltaciones de lujo de la sabiduría y de la poesía. La fatiga y el disgusto de los negocios humanos ciertamente llegarán demasiado pronto; estar cargado con su preocupación es tarea del adulto». La teoría pragmática del educador le exige una constante renovación y experimentación de los fines, dejando a la educación con meras recetas pedagógicas.
El quinto y sexto error son el intelectualismo y el voluntarismo. Existen dos formas del primero: La primera busca una suprema realización de la educación para desarrollar las habilidades de la dialéctica y la retórica -al igual que los sofistas griegos-, y la segunda forma abandona los valores universales e insiste en funciones prácticas y creadoras de inteligencia. La educación intelectualista forma especialistas cada vez más y más especializados en sus diversas materias. Uno de los principales problemas para entender esto es la cuestión del olvido en la ciencia: Un científico no necesita saber -dadas las características de la ciencia actual- nada acerca de las proposiciones de Ptolomeo o Galeno sobre la ciencia, sino estudiar las últimas investigaciones y experimentos para continuar con su estudio; sucede lo contrario con un literato, que ha de haber leído numerosas obras y dejar que el poso de la cultura se una a la reflexión para crear su obra. Algo parecido sucede con el intelectualismo, se deja de lado lo más esencial de las ciencias que rodean al «técnico», al estudioso individuo tan especializado que tan sólo puede hablar con propiedad de su campo o le otorga la gran capacidad para opinar sobre todo sin llegar al episteme y no a la mera doxa. Maritain lo indica así: ¿Cómo podría el hombre corriente, el common man, juzgar lo que es bueno para el pueblo si no se siente capaz de emitir un juicio, a no ser en el campo restringido de su especialidad? El voluntarismo por su parte hace a la inteligencia esclava de la voluntad en términos de la filosofía de Schopenhauer.
El séptimo y último error es la creencia de que «todo puede aprenderse». Esto consiste en la absurda creencia de que todo puede ser aprendido. Los sifistas griegos fueron los primeros en aceptar esto cuando colocaron a la educación dentro de un sistema de mercado y les otorgaron a los alumnos la calidad de clientes. Existen cursos de filosofía, pero no de sabiduría; enseñar moral no es otra cosa que prudencia, cosa que no puede ser aprendida sino practicada tal como decía Platón cuando nos proponía la famosa tinaja agujereada por las pasiones incontroladas. Para superarse hay que querer y practicar el «hábito». Maritain indica que hay esferas educacionales y extra educacionales. Las primeras son la familia, escuela, Estado e Iglesia, las segundas son el resto de ámbitos de la actividad humana. El campo de la enseñanza ha de ser el campo de la verdad y ambas esferas han de ayudar a cumplir esta misión. La escuela y la universidad han de fomentar la dignidad y la riqueza del conocimiento y la inteligencia, siendo el conocimiento sabiduría y fin a la vez.
Hay que buscar un sistema que permita una educación integral para un humanismo integral. Así mismo y como conclusión creo que Miguel de Cervantes podría dar mejor respuesta a la que estimo sería la mejor dirección de la praxis del educador: El que se entrega al ejercicio de una actividad noble y olvida las reglas de la ética, torna la vocación a la que se debe débil e inestable.
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