Reseña de «El corazón de las tinieblas» de Joseph Conrad.

  Si existe un momento histórico en el que los derechos humanos se han machacado y llevado a niveles deplorables, ese ha sido el colonialismo. La expansión del territorio en pro de un beneficio económico y para poner a prueba modelos de la misma índole, llevó al Reino Unido y a Francia a una disputa por el reparto del continente africano. Parece que esta obra es culmen en el tópico que recae en la empresa de conquistar el África negra en pro de la civilización y también obtiene un valor importante dentro de la literatura anglosajona de finales del siglo XIX.

 

  Joseph Conrad fue un escritor de procedencia polaca pero afincado en el Reino Unido. A pesar de haber aprendido inglés a la edad adulta, escribió la obra en un perfecto uso de la lengua. Encontramos estructuras gramaticales puras, con un marcado uso académico pero que no distraen al lector ni torna compleja la lectura de obra. Conrad nos relata el viaje de Marlow por el continente africano, siendo el personaje un alter ego del autor, el cuál deseaba ir al Congo. Tal vez fuera esta la musa que necesitaba Conrad para escribir su novela. Escrita entre 1898 y 1899 comienza con la búsqueda de Marlow de un personaje enigmático y antagonista al que termina por mitificar: Kurtz, un traficante de marfil. La obra de apenas 170 páginas -hecho que en una primera lectura puede dejar insatisfecho al lector, ya que se tocan numerosos temas en un breve espacio- y dividida en tres capítulos que dan forma a la novela y se vuelven imprescindibles.

 

  El argumento, como ya hemos mencionado, trata sobre el viaje de Marlow, capitán de un barco inglés. Tras una breve conversación con el director de la compañía, descubre la enigmática figura de Kurtz. Tras atravesar la jungla africana y todos sus peligros, Marlow termina por encontrar a Kurtz, que tras haber perdido la cabeza y tras conversar con Marlow, decide volver a Europa. Esta obra presenta varios narradores: en primer lugar, encontramos a Marlow que narra el viaje, pero también encontramos a otro narrador anónimo y omnisciente que curiosamente, desconoce partes de su historia. Por otro lado, la obra mantiene un estilo directo dentro de otro indirecto ya que es un narrador externo el que presenta a Marlow al resto de marineros. El cambio de narrador permite que la obra se llene de simbolismos y enriquece su contenido. La estructura temporal en la narración cuadra con su contexto colonialista siendo lineal con algún que otro salto al presente.  

 

  Con relación a los personajes son tres los principales: el propio Marlow, aventurero, soñador que termina por admirar a Kurtz. Un tipo egoísta que pierde la cordura -tal vez ese hecho acaeciera a causa del eco de la conciencia- representando todo aquello que el capitán inglés nunca llegó a ser. Esto es algo que me ha parecido curioso, el río es uno de los personajes de la obra, siendo esencial para su desarrollo. Es agobiante, aunque en ciertos momentos proporciona calma, tornándose un personaje principal, aunque no esté categorizado por la naturaleza humana. Los personajes secundarios son relevantes pues sin la conversación que mantuvo Marlow con el director de la compañía y su sobrino, su viaje no hubiera comenzado o la novia de Kurtz. Conrad denota que conoce muy bien el río Congo y ese entorno pues usa ciertas palabras muy concretas de la zona, especialmente con relación al entorno natural, y así lo entrelaza con la relación que tienen los dos personajes principales, resumido en un proverbio congolés: Las huellas de las personas que han caminado juntas no se borrarán nunca.  Todas las descripciones de Conrad son minuciosas y están llenas de una gran sonoridad, también crea unas escenas de contrastes que desconciertan al lector.

 

  Si hay una escena que me ha producido horror al leerla ha sido cuando golpean a un esclavo con un látigo de piel de rinoceronte. No puedo pasar de soslayo mencionar dicha escena pues me ha provocado espanto, no solo por lo que describe, sino por cómo lo describe el autor: de forma intensa casi trasportando al que lee esos reglones, al lugar del crimen. En contraste, cuando Kurt en su regreso al hogar, muere, pronuncia: ¡El horror! ¡El horror! Marlow toma entonces ciertas cartas que Kurtz había escrito a su prometida y cuando se las estrega, ella le pregunta a Marlow cuáles fueron las últimas palabras de su prometido, a lo que responde con su nombre. Esta escena denota que Marlow quiere que recuerden a Kurtz de modo positivo; como si las personas vivieran en cierto modo en el recuerdo de los que les recuerdan, cuando el final de la vida corporal llega al fin.


                                                                 Fuente: Wikipedia.


Bibliografía:

Conrad, J. (2012).  El corazón de las tinieblas. Madrid: Alianza editorial.


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